09
junio

La frágil pared de la vida

Con la edad, la memoria se afianza y va añadiendo, con su propio pasado y su fuerza incontestable, todo aquello que de algún modo existió porque lo vivimos intensamente, lo real o imaginario, lo concreto o abstracto: personas, historias, lugares, vivencias, sensaciones, percepciones…. Pero es selectiva ya esa memoria y el bibliotecario invisible que la gestiona sabe cuidar bien el propósito: preservar del paso del tiempo, en los anaqueles de la conciencia, lo que importa, lo que marca y deja huella. Y así conviven en las repisas, y escritas en primera persona, miniaturas y enormidades, la belleza y la fealdad, el horror y la clemencia, la bondad y la maldad. Porque también deben permanecer para la posteridad, y quizá, por encima de todo, lo cruel y lo terrible, al menos, con la esperanza, varada, por tantas veces inútil, de que no vuelva a repetirse.

Todo aquello depositado en los anaqueles adquiere estatura, tamaño, peso; una dimensión desconocida, como si el propio silencio fuera, a la vez, un altavoz que amplifica los sonidos del pasado y sometidas a la luz del tiempo, las proyectara aumentadas en la frágil pared de la vida. Para quienes quieran aprender. Para quienes quieran vivir.

En esa frágil pared pude contemplar el horror con mayúsculas, narrado por Jorge Semprún (Madrid, 10 de diciembre de 1923-París, 7 de junio de 2011) en ‘La escritura o la vida’. Y algo más. Mucho más: el compromiso por la dignidad humana, el compromiso moral insobornable, la fraternidad, la libertad, personal y la de los pueblos frente a los opresores y tiranos. Y la brutal imposibilidad de situarme en el interior de su mente y poseer sus sentidos -por vergüenza y miedo- para poder llegar a tan solo imaginar el olor a carne humana quemada, el que desprendían las chimeneas del campo de concentración de Buchenwald, cercana a Weimar, la ciudad de Goethe, de Bach, de la Cultura y el Conocimiento. La trágica paradoja.

Me gustaría pensar que el vacío que deja se llenará con la proyección de su Memoria en la frágil pared de la vida. Frágil, porque alguien permitió hace tiempo que sobre ella proyectaran con cines de juguetes mentecatos para visionar versiones obscenas de películas conocidas, con la intención de revisar la Historia para adaptarla a intereses no oscuros, sino tan claros y nítidos, que propician arcadas.

Desconozco lo que sobre Semprún reseña del Diccionario Biográfico, ese capricho encargado por el Gobierno de Aznar, y que afirma, entre otras lindezas, que el por todos conocido dictador Francisco Francomontó un régimen autoritario pero no totalitario“.Lo desconozco, tanto como si Semprún figura o no entre las 40.000 reseñas que incluyen los tomos, pero creo que no quiero conocerlo. Prefiero no malgastar la indignación en estupideces y destinarla a asuntos más serios, entre otros, a ese desalmado empeño en reinventar el pasado de este país que, sin pudor alguno, ejercen ya no pocos, con ayuda de editoriales, tdts, medios de comunicación… Prefiero no saberlo, aun admitiendo mi parcial derrota, porque darle la espalda a insidias es como situarse en un extremo del mundo y puede que desde la distancia se vean menos, pero duelen exactamente igual.

Cuánto daño hacen las personas inofensivas en apariencia. En estos tiempos críticos, de grandes valores humanos cotizando a la baja, qué difícil es a veces saber la  verdad, cuando los que la escriben son los absolutos dueños de la mentira.

Comentarios en este artículo

  1. Y por esos motivos -porque los valores cotizan a la baja y porque los absolutos dueños de la mentira son los voceros de hoy- no podemos rendirnos. Por la Memoria con mayúsculas, por los que merecen que su biografía se escriba con letras de verdad, no con la mentira de aquellos que quieren anestesiarnos, hacernos olvidar que un viento de ultraderecha nos quiere helar…

    Marmota
  2. Cuanta agonía en estos tiempos. Porqué tenemos que estar tan callados de tantas injusticias. He visto en las web que la prensa facha ha pasado de Semprún. Qué fuerte, pero es lo que tenemos. Necesitamos más voces y extenderlas. Pasajero del Circular, grita más, por favor. No dejes de gritar. Te escuchamos. No te rindas nunca. Que no podrán contigo porque tienes la palabra. Grita, grita, grita

    Sandra

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